Una plática con Platón: Repensando lo que significa ser libre

Existe un dicho muy común que dice: “Según los cristales con que veas las cosas, así las entenderás”. Pero, lo cierto es que, los cristales a través de los cuales vemos las cosas no nos ayudan exclusivamente a entenderlas, sino que también influyen grandemente en cómo sentimos y, hasta cierto punto, en como “somos y vivimos”. Ahora bien, sería interesante preguntarnos: ¿Con qué libertad escogemos nuestros cristales para interpretar la realidad? ¿Existe un proceso de selección de nuestros “lentes”? ¿Cuantas veces en el día -o en la vida- nos detenemos a elegir nuestros cristales?

Obviamente, cuando hablamos de “cristales o lentes” usamos una metáfora que alude a la posibilidad de cambiarlos cuando queramos, o cuando seamos conscientes que hay lentes que hemos tenido puestos toda la vida sin darnos cuenta. En este mismo sentido, Platón (en su obra “Diálogo de la República”) desarrolla uno de los más famosos mitos de la antigua Grecia para referirse a este mismo fenómeno: el mito de la caverna.

Como narra el filósofo griego, el estado común de la humanidad podría compararse a una gran caverna a oscuras. Dentro de ella, los seres humanos se encuentran en las profundidades, viviendo atados de cabeza y pies desde su nacimiento, destinados a ver solamente las sombras reflejadas sobre las paredes, asumiendo como objetos verdaderos estas sombras reflejadas por distintos objetos a partir de una luz que viene del exterior.

Aun sin conocer el mito o haber estudiado filosofía, resulta absurda esta idea de estos individuos que toman por objetos verdaderos las sombras reflejadas en el fondo de la caverna. Por poner un ejemplo, nadie compraría la sombra de un vehículo, aun cuando fuera el auto de sus sueños.

Utilizando este mito (que continua narrando la historia de los valientes que se atreven a romper la cadenas y salir de la caverna, para ver la realidad de las cosas por primer vez en su vida), Platón explica que la solución para liberar a estos individuos de su ignorancia consiste sencillamente en hacer girar la cabeza de los encadenados, pues todos tienen en el fondo la capacidad de ver más allá de las sombras. Por lo tanto, el esfuerzo reside en llevarles a dirigir su mirada en la dirección correcta, es decir, en sentido de la salida de la caverna. De esa manera, no solo se encontrarán los objetos verdaderos de los cuales emanaban las sombras, sino que también la salida de la caverna implicaría una libertad total.

Cinco siglos más tarde de que estas ideas se plasmaran en la antigua Grecia, el gran emperador Marco Aurelio comentaba en sus meditaciones: “Si te sientes dolido por las cosas externas, no son estas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder el cambiar este juicio ahora mismo”.

Siguiendo a estos dos grandes filósofos, podemos concluir que la humanidad entera tiene la capacidad de cambiarse los lentes que le han sido impuestos y ganarse a pulso –y conciencia- la libertad. Pero, libertad ¿para qué?

  • Libertad para ver. Esa que ejercemos cuando no damos por inmutables los cristales que tenemos puestos (quizás desde la niñez). Ejercemos esa libertad, atreviéndonos a ver las cosas desde otros ángulos para transformarlas, como cuando osamos preguntarnos: ¿Habrán otras formas de interpretar mi realidad y puedo abrirme a otras formas de pensamiento? ¿Estaré viendo el sentido verdadero de las cosas o estoy, más bien, distraído con las sombras que emanan de las circunstancias?
  • Libertad para sentir. Aquella que ejercemos cuando somos capaces de cuestionar la validez de nuestras sensaciones y emociones, y buscamos lo verdadero detrás de lo evidente.
  • Libertad para Ser. La que ejercemos cuando somos capaces de preguntarnos si nuestras acciones nacen de nuestro Corazón (de las propias convicciones), o nace de las modas, las presiones sociales o los sueños de otros. Cuando nos atrevemos a vivir de acuerdo a la identidad de nuestra propia Alma.

Todos queremos ser libres, la pregunta es de qué queremos ser libres y para qué queremos esa libertad. Desde los anales de la historia, la filosofía a través de los grandes pensadores ha brindado pistas sobre cómo alcanzar esa libertad para ver, para sentir y para actuar. La clave en esta búsqueda siempre ha sido hacerse preguntas, cuestionar los propios paradigmas y atreverse a ser uno mismo. El mito de la caverna nos presenta una útil alegoría para preguntarnos si somos realmente libres o vivimos en un mundo repleto de sombras.

Y tú ¿estás consiente de tu propia caverna? ¿Te atreverías a ver más allá de las sombras? Te dejo estas interrogantes y te invito a embarcarte en la búsqueda de la propia libertad, esa que viene del descubrimiento de tu verdadera identidad.

Gerardo Quiñónez, instructor y conferencista Nueva Acrópolis El Salvador

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