Un miedo común en nuestros días

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El miedo, de acuerdo al psicólogo Paul Ekman, es una emoción básica del ser humano junto con otras seis: desprecio, tristeza, sorpresa, asco o aversión, alegría y enojo. Siendo una emoción primitiva, está presente en el reino animal y en los seres humanos y ha sido parte de su historia desde sus inicios.

Para algunos investigadores, el miedo juega un papel importante en la supervivencia. De acuerdo a esta postura, si no tuviéramos miedo, seríamos mucho más osados, temerarios e imprudentes, con lo que nuestra esperanza de vida sería considerablemente mucho más baja. Esta teoría también está fundamentada en la observación de otras especies del reino animal, que comparten esta respuesta emocional primitiva.

Las causas del miedo son tan variadas como seres humanos. Pero a diferencia de los animales, que únicamente experimentan miedo ante amenazas reales, es decir, momentos en los que efectivamente hay un peligro; los seres humanos también desarrollamos miedos ante amenazas “teóricas” o supuestas, es decir, que existen solo en nuestra mente.

De entre estas últimas formas de miedo que menciono, me gustaría hablar un poco acerca de una bastante común: El miedo a equivocarnos.

Creo que este es un mal que se encuentra detrás de muchas preocupaciones y ansiedades en el mundo actual. Estamos en una cultura en donde solo se premian los aciertos y se castigan los errores, donde el intentarlo no tiene mérito, sino que únicamente es una oportunidad de “hacer el ridículo” si resultamos no ser lo “suficientemente buenos”.

Vivimos en un patrón donde el perfeccionismo y la forma en que hacemos las cosas es más importante que la razón por qué las hacemos. El pesimismo y la duda los hemos visto desde que somos pequeños.

Muchas veces perdemos toda iniciativa o deseo de arriesgarnos en una empresa o actividad, simplemente porque en nuestra mente “no vale la pena intentarlo” y nuestra actitud ante un reto, de entrada, suele ser derrotista y apática.

Esta postura ante la vida nos ha convertido en personas conformistas, desesperanzadas, donde más vale lo “viejo conocido que lo nuevo por conocer”, donde es más fácil quejarnos que ser propositivos. Preferimos distraernos viendo las “historias” de otras personas en redes sociales, en vez de tomar valor para asumir la responsabilidad de nuestra propia vida, salir al mundo real y dejar nuestra huella.

Recordemos que, de niños, estábamos llenos de asombro y entusiasmo. Cada oportunidad de hacer algo nuevo o diferente, era una experiencia para aprender, para crecer, para desarrollarnos. ¿En qué momento cambiamos nuestra manera de enfrentar la vida? ¿En qué momento comenzamos a creer que está mal equivocarse?

Estoy consciente de que algunas decisiones deben sopesarse con cuidado, puesto que los riesgos son altos. Pero esta no puede ser nuestra manera de vivir a cada instante. Y, aun así, pensemos, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿quién dice que no lo podemos volver a intentar, ahora con más sabiduría y una mejor estrategia?

La vida está llena de errores. Eso es lo que la hace mágica e interesante. Eso es lo que la vuelve rica e impredecible. La única diferencia es la actitud. Las personas con miedo al primer error dejan que todo se venga abajo o, en el peor de los casos, ni siquiera se animan a intentarlo ante la “posibilidad” de fallar. En cambio, las personas resilientes y maduras aprenden de sus errores, los incorporan a su experiencia para no volver a cometerlos y para sacar enseñanzas que pueden compartir a otros.

Además, los seres humanos tenemos un poder que pocas veces explotamos: El poder de redimirnos, de corregir y de reivindicarnos. Si nos hemos equivocado antes, ¡corrijamos!, pero no dejemos de vivir el ahora por nuestros errores de ayer o por el miedo ante los errores que podríamos cometer mañana.

Quiero cerrar este artículo con una historia que, a lo mejor, muchos ya conocerán: Cuando Thomas Alva Edison presentó su invención de la bombilla de filamento de tungsteno, un reportero le insinuó que había tenido casi 1000 fracasos antes de dar con el acierto. A esto, Edison le respondió: «No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla».

Grandes cosas han pasado en la humanidad, gracias a aquellas personas que no se rindieron, que no dejaron de luchar, a pesar de los errores.

A ti que me lees, no tengas miedo a equivocarte. Inténtalo, vence el miedo al error, pues es peor morir arrepentidos de no haberlo intentado.

Dr. Albert Girón
Instructor Nueva Acrópolis El Salvador

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Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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