El simbolismo detrás del tiempo

Simbolismo detras del tiempo

¿Qué es el tiempo?

El tiempo es una magnitud con la que podemos medir la duración de un acontecimiento o bien, la separación entre un hecho y otro. Esta dimensión nos permite ordenar los eventos, dando origen a los momentos temporales de presente, pasado y futuro. Es quizás uno de los primeros misterios con los que se topó el ser humano desde que tomó conciencia.

El tiempo es un recurso finito, pues como seres humanos tenemos un principio y un final, por lo que debiéramos sacar el máximo provecho al lapso de existencia que llamamos vida. Al ser un recurso, el tiempo se puede desperdiciar y por ello reza el famoso dicho: «El tiempo perdido, hasta los santos lo lloran». Los empresarios y comerciantes dicen, a su vez, que «el tiempo es oro» y por ello, perderlo es derrochar uno de los bienes más preciados que poseemos.

Usando el simbolismo para entender mejor el tiempo

En esta ocasión, quiero abordar el tiempo utilizando 3 símbolos de la antigua mitología griega, que representan diferentes modalidades de vivencia psicológica de esta dimensión misteriosa.

Cronos:

Representa el tiempo ordinario, la sucesión cotidiana de eventos, que no se detiene y no puede volver atrás. En la mitología griega, se simboliza con Cronos (o Saturno) que devora a sus hijos, pues el tiempo lo consume todo, dejando a su paso únicamente recuerdos… 

Esta es la cara del tiempo que más conocemos, pues es donde suele enmarcarse nuestra conciencia diaria. Contamos con 24 horas cada día y lo que no alcanzamos a realizar en ese período, habrá que dejarlo para después (que, por cierto, es una forma elemental de esperanza). Es la dimensión en la que se encuentran circunscritas todas nuestras actividades: personales, familiares, laborales, amistosas, de pareja, compromisos sociales, etc.

Kairos:

Representa el tiempo como oportunidad o momento. Se percibe como una vivencia psicológica particularmente intensa (pues lleva un alto componente emocional). La mayoría de nuestros recuerdos (gratos o no) tienen un tinte de esta dimensión, pues salen de lo ordinario y destacan de entre el cúmulo de experiencias que segundo a segundo estamos registrando. A diferencia de Cronos, Kairos persiste en nuestra memoria y podemos regresar a él, aunque sin cambiarlo.

A Kairos se le representaba como un hombre de cabeza calva con un mechón en la frente, pues simboliza la oportunidad, el momento, que, para ser captado, debe hacerse de frente (estando atentos y presentes). Una vez que pasa, ya no lo podemos agarrar. ¿Cuántas cosas importantes en nuestras vidas hemos dejado pasar de largo? Y todo porque simplemente porque no hemos estado «allí», porque hubo un distractor que nos hizo pasar por alto esa oportunidad o momento sacándonos del momento presente…

Eón/Aión:

Es el tiempo de los dioses, sin límite. Un «eterno presente», donde todo ES. Se representaba como un hombre- a veces joven, a veces viejo- encerrado en un círculo, que simboliza la esfera celestial.

Para los antiguos, esta faceta del tiempo era la más esquiva a los humanos, pues había que «elevar» la conciencia del estado humano al estado divino. Cuando se logra eso, el ser humano percibe la Unidad en Todo y cesa toda angustia fruto de la conciencia ordinaria del tiempo cronológico (que empieza y termina). Son estados de claridad y certeza, momentos de una intensa vivencia del «aquí» y del «ahora» desde el centro de conciencia más elevado al que el ser humano puede acceder, cuando, por unos instantes, se des-identifica de sus elementos finitos y se refleja en las alturas del Ser. Quienes experimentan esta vivencia describen una verdadera serenidad (El estado de Ser).

Otras facetas del tiempo

Otra de las manifestaciones de esta cara del tiempo es la «sincronicidad» (la conjunción de los tiempos), que solemos interpretar como «casualidad», aunque dicen los antiguos que no existen las casualidades, sino las causalidades. Estas experiencias nos permiten sustraernos de la dimensión humana – limitada – y observar que los eventos tienen un porqué y un propósito más trascendente en nuestras vidas.

«El tiempo huye», decían los romanos. Sí, pero en la medida en que logremos elevar nuestra conciencia y estar plenamente atentos al momento presente, seremos capaces de experimentar el tiempo desde una dimensión más trascendente, desde la cual el tiempo no se pierde, sino que se atesora en lo más profundo del Ser.


Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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