¿Ser o tener? Ese es el dilema

La producción industrial a gran escala tiene ventajas asombrosas. Por ejemplo, nos permite acceder a productos de casi cualquier lado del planeta, tenemos opciones de diversión de todo tipo y viajar es ahora más fácil y económico, por mencionar algunos ejemplos. La tecnología está al alcance de nuestras manos, y con ella tenemos acceso incluso a culturas antiguas por medio de terabytes de conocimientos e información.

La lista de beneficios es enorme.

Sin embargo, los excesos suelen ser nocivos. Dar un valor excesivo a las cosas nos hace materialistas, y comprar o tener más de lo que necesitamos, nos vuelve, aunque no nos guste aceptarlo, tremendamente consumistas.

El exceso de oferta y de productos es una circunstancia de la vida moderna, pero el hecho de ser una circunstancia no lo vuelve una determinación: no estamos obligados a consumir más de lo que necesitamos. Sin embargo, ¡es tan difícil resistirnos a una buena oferta en el centro comercial! El dilema es que no saber manejar estas circunstancias puede comprometer nuestra economía familiar, pero también compromete nuestros valores humanos, ya que al sobrevalorar estos accesorios externos acabamos dependiendo excesivamente de ellos.

Para evitar caer en excesos nocivos, es necesario aceptar las circunstancias y aprender a usarlas convenientemente. Es decir, debemos comprender cuál debe ser nuestra posición y nuestra manera natural de actuar ante lo que la vida nos pone enfrente.

Si bien el materialismo es un problema actual difícil de enfrentar, tampoco es nuevo. ¿No podríamos buscar una guía en la historia? La historia que siempre provee grandes respuestas nos puede echar una mano.  Sociedades que precedieron a la nuestra también padecieron varios de los problemas que se repiten en el siglo XXI. La antigua Roma, por ejemplo, enfrentó dificultades como inflación, corrupción, guerras en lugares remotos y grandes migraciones. ¿Acaso no nos suenan conocidos?

En el devenir de los tiempos, el ser humano siempre se ha preguntado cosas con el fin de mejorar su vida, y para encontrar buenas respuestas es necesario hacerse las preguntas correctas. Los amantes de la sabiduría, los filósofos, han sido expertos en el tema… ¿Que proponían los filósofos de entonces, es decir, los “intelectuales” de la Antigua Roma ante estas dificultades?

Una línea filosófica de mucha aceptación durante la Antigua Roma fue el estoicismo, cuya ideal era alcanzar la felicidad. Esta felicidad se podía experimentar como la tranquilidad del alma. ¿Y qué se podía hacer para alcanzar la felicidad? Los estoicos creían que las virtudes eran una herramienta práctica para vivir mejor la vida.

Los estoicos entendieron que “la virtud y la práctica de una vida simple con arreglo a la naturaleza ayudarían al hombre a reencontrarse consigo mismo, y que de allí devendría el reencuentro con Dios, con la patria, con el Bien”. (Filosofía Moral, Delia Steinberg Guzmán)

Así, Marco Aurelio, famoso Emperador Romano y filósofo estoico, reflexiona en su libro Pensamientos que las verdaderas riquezas del ser humano no residen en las cosas externas, sino en la perfección de su alma; que los honores y la fama desaparecen por lo que debemos aferrarnos a las cosas más trascendentes. Epícteto, otro estoico famoso, enseñaba que hay cosas que no dependen de nosotros y otras que sí, y la clave de la felicidad era saber distinguirlas.

La riqueza de las enseñanzas estoicas es enorme, vale la pena buscarlas y profundizar en ellas.

Algunos consejos basados en filosofía estoica, que pueden ser utilizados tanto en el centro comercial como en tu casa para evitar caer en el consumismo y materialismo, son:

  1. Felicidad interior: Evita comprar para sentirte bien, busca cosas que te hagan feliz en tu interior y que produzcan una alegría profunda y duradera.
  2. Generosidad: Comparte tu tiempo y dinero con los demás, la generosidad es una semilla de cambio en esta época de egoísmo y violencia.
  3. Orden: Cuida tus cosas, como los coleccionistas de carros de modelos antiguos, una cosa aunque sea vieja puede seguir siendo útil.
  4. Cuida el entorno: Recicla, dona las cosas que no uses, no acumules, come lo justo.
  5. Conocimiento práctico: Aprende cosas para vivir mejor tu vida, no para acumular títulos o para presumir con tus amigos.

El consejo más importante es saber apreciar las virtudes como instrumentos. Cultivar virtudes como la disciplina, la generosidad, el orden, la cortesía, no solo nos vuelve mejores personas, sino que nos da herramientas para enfrentar la vida, tomar decisiones apropiadamente y saber distinguir entre lo real y lo ilusorio.

La próxima vez que te sientas seducido por comprar o adquirir algo por cualquier medio, piensa en el espacio que le darás en tu vida, la utilidad que te prestará y, sobre todo, piensa si de verdad te resulta necesario o si, simplemente, estás respondiendo a un impulso momentáneo. Si la respuesta es “no lo necesito”, viaja liviano pues tendrás menos cosas de las que ocuparte. Parafraseando a un sabio filósofo, “no está mejor quién más tiene, sino quien menos necesita”.

César González, Instructor Sociopolítica Nueva Acrópolis El Salvador

 

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