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La filosofía: El arte de hacerse preguntas

La pregunta filosófica por excelencia es «¿Quién soy yo?». A través del tiempo, numerosos pensadores han buscado acercarse a la respuesta tras esta interrogante.

Creo que, en la actualidad, seguimos haciéndonos esta pregunta, pero hemos caído en una trampa que está sumiendo en la infelicidad y frustración a miles de personas que confunden el ser con el hacer y el tener. Por ello, he decido reflexionar un poco sobre estas ideas en este artículo y sobre cómo caemos en las trampas que nos llevan a confundir uno con otro.

TENER:

Es el elemento más externo y superficial y, por tanto, el que menos debiera definirnos. Hace referencia a todos los elementos sobre los que tenemos algún grado de dominio o propiedad. Así, nuestras per-tenencias son objetos que poseemos, que tenemos. Sin embargo, la excesiva identificación con nuestras posesiones hace que, más bien, ellas acaben «poseyéndonos» a nosotros. Un ejemplo clásico: el teléfono móvil nuevo. Con qué primor cuidamos que no se caiga, que la pantalla no se raye e inclusive nos molesta que nuestras mismas huellas digitales queden impregnadas tras el contacto… Con gran entusiasmo exploramos todas sus posibilidades y nos agrada cuando alguien nos hace algún cumplido sobre nuestra nueva adquisición. Pienso que este fenómeno es progresivo y proporcional al tamaño del objeto: un carro, una casa, etc.

Nuestras posesiones no se limitan únicamente a objetos tangibles: Nuestros títulos, cargos, conocimientos y reconocimientos también son parte de nuestras posesiones. Inclusive, nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestras ideas, son cosas que «tenemos». Así, la identificación entre el ser y el tener es más sutil con estos elementos de los cuales nuestro ego suele alimentarse.

Por ello, la trampa más importante aquí es la falsa identificación y pienso que esto se contrarresta con la reflexión y el desapego.

HACER:

Es un elemento intermedio y está más cerca de nuestro ser, por cuanto nuestro actuar refleja en buena medida nuestra naturaleza esencial. En palabras del mismo Jesús:

«Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos». (Mt. 7,16-19). 

Si nuestro mundo está lleno de incoherencias es precisamente porque pensamos de una manera, pero actuamos de otra y de allí la «doble moral». Son nuestros actos, más que nuestras ideas y palabras, los que pueden ayudar a definirnos realmente y reflejan aquello con que nos identificamos. Es por ello, que la manera más natural de enseñanza es a través del ejemplo pues es lo que se transmite de corazón a corazón. En palabras de otra filósofa: «Honrad las Verdades con la Práctica».

Aunque también podemos identificarnos con lo que hacemos, pienso que la trampa más importante en este punto es la de la falsedad o hipocresía y el remedio a ella es la autenticidad. Considero que la autenticidad es fundamental para poder SER felices.

SER:

Descubrir nuestra verdadera naturaleza es el gran misterio. Si antes hemos dicho que no somos ni siquiera nuestras ideas, no pienso que el Ser pueda racionalizarse. Es algo más. Algo que solo puede intuirse y vivirse en lo más profundo de sí, tras irnos quitando, poco a poco, todas aquellas máscaras que ocultan al verdadero Ser. 

A lo mejor se nos pase la vida y no lograremos respondernos completamente a la pregunta «¿Quién soy yo?», pero si hemos logrado desidentificarnos, siquiera un poco, de todo aquello que no somos, estaremos un paso más cerca de nuestro verdadero Ser.


Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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