¿Podremos vivir algún día en paz?

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Cada día que abrimos el periódico o el feed de noticias de nuestras redes sociales, no faltan titulares que hablan de guerras, violencia, intolerancia y discriminación. Ante este escenario, casi con certeza, todos nos habremos hecho la pregunta: “¿Alguna vez viviremos en paz?”.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde y, en verdad, es todo un reto no tirar la toalla ante el panorama que muchas veces parece desolador y donde puede parecer ingenuo soñar con que las cosas cambien para mejor algún día.

Pero permitámonos soñar por unos instantes… ¿A qué nos referimos con vivir en paz? Si lo concebimos como un mundo sin ningún tipo de problemas ni diferencias, donde todo el mundo pase permanentemente feliz unos con otros, sin ningún tipo de inconvenientes, entonces seguramente sí podrían tildarnos de ingenuos con justa razón.

Las diferencias son inherentes a los seres humanos.

No hay dos personas exactamente iguales: necesariamente tendrán puntos de vista, intereses, aspiraciones y opiniones diversas. Por tanto, los problemas, los conflictos, son inherentes a las relaciones humanas. Donde haya divergencia de opinión o de intereses, surgirá un conflicto.

Entonces quizás, en vez de fantasear con utopías, para buscar soluciones prácticas y realizables, deberíamos prestar atención a la manera en que manejamos los conflictos.

Pienso que si los seres humanos lográsemos mantener ciertos principios fundamentales que sean guías a la hora de resolver conflictos, quizás no sería tan difícil llegar a acuerdos.

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Uno de estos principios debiera ser el respeto. Bien lo decía Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno, es la paz.” Las personas son fines en sí mismos, no medios. Todos merecemos ser tratados con respeto y dignidad. Deducimos entonces que sin respeto, no puede haber paz.

Un segundo principio se derivaría del anterior: La libertad de pensamiento y opinión. Si hay respeto como base, entonces puede existir una sana libertad de ideas, donde todas se pueden compartir y todas merecerían respeto. En palabras de Voltaire: “No comparto tu opinión, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”.

Unidad de Intención

Un tercer principio, al que llamaré “Unidad de intención”, estaría basado en algo que el sociólogo Abraham Maslow describió en los años 40, con su pirámide de necesidades humanas. Todos los seres humanos tenemos la misma jerarquía de necesidades, aunque las maneras y medios para solventarlas varíen entre unos y otros. Sin embargo, más allá de la apariencia -donde somos tan diferentes como mencionábamos al principio de este artículo-, en esencia, todos necesitamos y buscamos las mismas cosas. Un ejercicio interesante es el siguiente: Cuando tenga un conflicto o desacuerdo con alguien, pregúntese a Ud. Mismo: “En el fondo, detrás de todas las apariencias ¿qué es lo que está buscando la otra persona?”. Si logramos encontrar su verdadera necesidad de fondo, nos será más fácil ser empáticos con ella y buscar acuerdos que favorezcan que ambas partes salgan satisfechas.

Podríamos seguir reflexionando, pero considero que ya tenemos algunas ideas importantes que podemos aplicar en nuestro día a día y verificar si eso nos permite resolver de una mejor manera nuestros conflictos y acercarnos a esa paz tan añorada.

Si tan solo lográramos tratarnos con respeto y cortesía, la convivencia no sería tan difícil. Y cuando los seres humanos han llegado a convivir en armonía, han sabido encontrar algo llamado “concordia”. Una palabra que evoca vivir con los corazones unidos.

Más allá de las diferencias externas, si logramos unirnos al nivel del corazón, o en otras palabras, en aquello que es lo esencial, los seres humanos estaremos más cerca de alcanzar la verdadera paz.

Dr. Albert Girón
Instructor Nueva Acrópolis El Salvador

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Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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