El Valor de la crisis

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La palabra crisis es una que cada vez se escucha con más frecuencia: crisis económica, crisis social, crisis medioambiental, crisis política, crisis de pareja, crisis laboral, crisis de salud, etc.

Crisis, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española (RAE), se define como un “cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o situación, o en la manera en que estos son apreciados”.

La crisis es una parte intrínseca de la vida, puesto que la vida continuamente está cambiando. Grandes filósofos como Siddharta Gautama “El Buda” hablaron hace milenios sobre lo vano que es apegarse a las personas, objetos y situaciones, pues todo cambia, constantemente.

Naturalmente, el ser humano busca tener un cierto grado de estabilidad, necesario para su salud física y psicológica. El problema surge cuando confundimos estabilidad con estatismo. 

Pongo un ejemplo cotidiano: Hacemos limpieza en casa, barremos los pisos, limpiamos las ventanas, lavamos la ropa. ¿Cuánto tiempo pasa antes de que comience a ensuciarse o desordenarse nuevamente la casa? Por lo general, en algunas horas y con suerte en un par de días… aunque si lo vemos desde una óptica microbiológica, es solo cuestión de segundos para que los microorganismos vuelvan a colonizar una superficie… Decían los antiguos: “El universo le tiene miedo al vacío”. La física nos plantea una verdad similar bajo el concepto de “Entropía”.

El equilibrio estático, rígido e inamovible no es natural. La naturaleza funciona bajo un equilibrio dinámico, cambiante y armonizador, donde constantemente habrá crisis.

Dicho esto, podemos decir que hay crisis naturales y crisis creadas por el propio ser humano (en lo colectivo como en lo individual) y aquí viene muy bien una enseñanza estoica: “Hay cosas que dependen de mí y cosas que no dependen de mí”.

Por ello, ante una crisis, es importante en primer lugar, discernir: “¿tengo capacidad de intervenir sobre la situación?”. Esto aporta claridad y cierto grado de tranquilidad, pues nos enfocaremos en aquellas cosas sobre las que sí podemos actuar.

En segundo lugar, es importante la actitud. La crisis es parte de la vida. No tiene por qué ser necesariamente una tragedia o una calamidad. Todos pasamos crisis en algún momento y la crisis es señal de que estamos vivos. ¿Puede que cause temor? Sí. ¿Puede que moleste, incomode o duela? Sí. Pero es algo natural, y como bien decía Marco Aurelio: “A ningún hombre puede sucederle cosa, que no sea un acontecimiento humano.” 

Sabiendo esto, la crisis comienza a resolverse desde el instante en que decidimos cómo asumirla. Si lo queremos ver como una maldición, seguramente así será. Si decidimos verlo como una oportunidad de crecimiento y desarrollo, eso será. Decía Henry Ford: “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, estás en lo cierto.”

Para los japoneses, toda crisis lleva encerrada en sí misma una oportunidad. De aprender, de creatividad, de enriquecerse, etc.

En tercer lugar, las crisis exigen acción, porque retomando el concepto de la RAE tendrán consecuencias importantes. Por ello, ante una crisis, lo peor que podemos hacer es quedarnos inmóviles. Hay que tomarse unos instantes para meditar y evaluar la situación, pero luego ¡hay que moverse! El clásico hindú del Bhagavad Gita nos enseña: “Nadie puede, ni por un instante, permanecer en realidad inactivo, porque irremediablemente le impelen a la acción las cualidades dimanantes de la naturaleza… la acción es superior a la inacción”. Por ello, si no nos movemos nosotros por iniciativa propia, la evolución de la misma crisis nos obligará tarde o temprano a actuar, muchas veces a un costo más alto al que si hubiéramos entrado en acción desde el inicio. Entonces, hay que atreverse a actuar. Nunca debiéramos salir de una crisis, igual que como entramos. Una crisis bien conducida nos permite salir más fuertes, más seguros y más sabios.

Quiero cerrar este artículo con tres frases de otros filósofos estoicos: 

“Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones acerca de las cosas”. (Epicteto).

“Muchas cosas no nos atrevemos a emprenderlas, no porque sean difíciles en sí, sino que son difíciles porque no nos atrevemos a emprenderlas.” (Séneca)

“En la adversidad, conviene muchas veces, tomar un camino osado”. (Séneca).

Dr. Albert Girón
Instructor Nueva Acrópolis El Salvador

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Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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