La naturaleza del amor

Terminó febrero, mes en que se celebra el amor en sus distintas manifestaciones, por lo que me parece apropiado hablar sobre la mitología lo qué implica amar a alguien y, sobre todo, cómo lidiar con el dolor al que nos exponemos al entregarnos a esa otra persona.

Todos hemos experimentado, en diferentes niveles, amar a otra persona, desde el amor de madre, hasta el chico o la chica con la que sentimos una atracción inmediata en la escuela.

En la etapa de la juventud, es donde la mayoría experimentamos esta otra faceta: el dolor. Esa sensación horrible, que algo por dentro ha sido arrebatado o destrozado cuando la otra persona nos abandona o nos desilusiona. Y así, durante el resto de nuestras vidas, nos estaremos topando ante la realidad de que el amor, a veces puede acompañarse de cierto grado de dolor que, muchas veces, queremos negar.

El amor en el mito

De acuerdo a Joseph Campbell en su libro Los mitos y su impacto en el mundo actual, con el tema de la mitología del amor, el éxtasis que éste genera se extiende desde lo más alto del cielo hasta lo más bajo de los infiernos. Creo que la mejor forma de entender la complejidad de este tema es con una leyenda persa que Campbell explica:  

“Una de las más sorprendentes imágenes del amor que conozco es persa, una representación mística de Satán como el más leal amante de Dios. Seguramente conocerán la vieja leyenda de cómo, cuando Dios creó a los ángeles, les ordenó que no debían adorar a nadie excepto a él; pero entonces, al crear al hombre, les ordenó que se inclinasen reverentemente ante la más noble de sus creaciones, y Lucifer se negó, a causa, se nos ha dicho, de su orgullo. Sin embargo, de acuerdo a esta lectura musulmana de su caso, fue porque amaba y adoraba tan profunda e intensamente a Dios que no podía inclinarse ante nada más. Y por ello fue enviado al infierno, condenado a existir allí para siempre, lejos de su amor”. (1)

Como vemos, según la interpretación de la mitología musulmana, el amor y el dolor han venido de la mano desde siempre y que este conflicto se puede ver entre Dios y Satanás. Si desde lo más sagrado de la experiencia humana se vive de tal manera el amor, no es de sorprender que dentro del mundo terrenal nosotros vivamos una porción de esa misma leyenda persa. Por ello, en nuestro plano de existencia, la experiencia del amor puede venir, a veces, acompañada de dolor y en lugar de negarlo y reprimirlo, es mejor enfrentarlo y trabajar sobre ello para crecer y seguir madurando como personas.

¿Sufrir sin sentido?

Ahora bien, más de alguno podrá ver esto como una condena de sufrimiento sin mucho sentido. Pues bien, la dinámica de amar, como he dicho antes, es bastante compleja. Hay un mito de la India, según explica Campbell, del Brihadaranyaka Upanishad, acerca del “Ser Primigenio como un poder sin nombre ni forma que al principio no tenía conocimiento de sí mismo pero que luego pensó, «yo», aham, e inmediatamente sintió miedo de que fuera aniquilado el «mí» que ahora tenía en mente. Razonando entonces: «Si soy todo lo que existe, ¿de qué tengo miedo?» pensó, «¡me gustaría que hubiese otro!», y se separó, convirtiéndose en dos, un varón y una hembra; de esta primera pareja nacieron todas las criaturas de la tierra. Y cuando todo hubo terminado, el varón miró a su alrededor, vio el mundo que había hecho, pensó y dijo: «Todo esto soy yo».” (2)

Como expone Campbell, el mito nos enseña que a través de nuestra experiencia con la unión del amor estaremos participando en el acto de la creación. También nos da una lección acerca de lo ilusorio de nuestras vidas que nos muestra materiales y que oculta la verdad: que en realidad todos somos un solo ser, una superficie como diría Campbell y que dentro de nosotros yace esa verdad.  Schopenhauer habla sobre esta verdad eterna en el hecho de cómo uno puede olvidarse de sí mismo y pone en riesgo su seguridad con tal de salvar a la otra persona del dolor y la muerte. Para el filósofo alemán, la persona que actúa así lo hace bajo el marco de que reconoce, de manera instintiva, la verdad de que él y el otro son uno.

Bajo la mitología del amor, veremos que existen aún más caras por explorar. El camino de la vida mostrará distintas fuentes de amor (el de una madre, el de un amigo, el de una comunidad, etc.) y muchas formas de amar. Pero en el caso concreto del dolor, lo que nos dejan estos mitos, es que la recompensa por participar en el amor es mucho más grande: la pérdida de nuestro egoísmo y poder vernos a nosotros mismos en la otra persona, lo que da pie a crear algo nuevo y positivo para la humanidad. Al final, el dolor es solo un elemento más que es inherente en esta vida y eso no nos puede detener. Entonces, la invitación queda a que no dejemos que el miedo al dolor nos impida experimentar la verdadera naturaleza del amor en nuestras vidas.

(1) Joseph Campbell, Los Mitos: Su impacto en el mundo actual, 4a edición, editorial Kairos, Cap. 8 pág. 173

(2) Joseph Campbell, Los Mitos: Su impacto en el mundo actual, 4a edición, editorial Kairos, Cap. 8 pág. 175

Julio César Orellana / miembro Nueva Acrópolis Santa Tecla

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Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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