En medio de la crisis, un mundo nuevo y mejor… ¿Posibilidad o utopía?

Al mirar la situación del mundo actual es imposible pasar por alto la variedad de problemas y dificultades con la que nos enfrentamos día a día los seres humanos. Basta abrir cualquier periódico o sintonizar cualquier noticiero para ser abrumados por la multitud de crisis que atraviesa nuestra civilización: crisis económica, crisis social, crisis ambiental, crisis laboral, crisis de salud, crisis ética, etc.

Ante este panorama naturalmente muchos se sienten desanimados respecto a lo que nos depara el futuro, y se suele tomar una postura pesimista y desesperanzada. Otro grupo prefiere no hacer proyecciones inciertas al porvenir, limitándose a aceptar, irremediablemente, lo incómodo de la situación actual. Finalmente, un pequeño grupo se atreve a concebir una mejora paulatina de las condiciones y se proyecta a un futuro esperanzador donde las cosas irán cambiando positivamente. A estos últimos se les suele tildar de “idealistas” y sus sueños se categorizan como “utópicos” (aunque en el fondo todos soñamos con que las cosas sean mejores).

Vale la pena saber las diferencias entre un “ideal” y una “utopía”. Un ideal se define, filosóficamente, como un estado inalcanzable, pero infinitamente aproximable. Una utopía significa, etimológicamente, “lo que no existe en ningún lugar” (ou-ningún, topos-lugar). Por lo tanto, el idealista se siente movido a ir en pos de su ideal, a generar acción para acercarse cada vez más a eso que anhela y desea.

Pero entonces, ¿vale la pena soñar con un mundo nuevo y mejor? ¿Es posible alcanzarlo? ¿Tiene algún sentido ser idealista en un planeta lleno de tantas dificultades o es simplemente una utopía con la cual escapamos de la dura realidad?

Estas preguntas son válidas desde el punto de vista filosófico y han tratado de ser contestadas a través del tiempo por múltiples pensadores.

Te propongo el siguiente análisis:

  • Lo primero que debemos hacer es observar objetivamente la situación y necesariamente concluiremos que vivimos una crisis civilizatoria. Pero, ¿es esto malo por sí mismo? Actualmente, decimos crisis y automáticamente lo catalogamos como “negativo”. Sin embargo, haciendo nuevamente uso de la etimología, encontramos que “crisis” significa decisión, separación o juicio. Por lo tanto, estar en crisis significa, simplemente, estar en un momento de tomar decisiones, de definir rumbos. Winston Churchill decía que “Un optimista ve una oportunidad en toda dificultad, un pesimista ve una dificultad en cada oportunidad”. Esto por sí solo nos ayuda a apreciar la oportunidad histórica de la crisis que atravesamos.
  • Segundo, en todo tipo de crisis encontramos un denominador común: el ser humano. ¿Deja el sol de salir por la mañana a causa de los problemas humanos? ¿Se detienen las estaciones? ¿Dejan de fluir los ríos y de moverse los mares? Obviamente no. Algunos podrán objetar que también hay crisis en la naturaleza. La mayoría de científicos coincide en que si existe crisis ambiental es solo por la misma influencia del ser humano, pero en el resto de la naturaleza las cosas siguen su curso independientemente de las dificultades humanas. Por lo tanto, filosóficamente la solución a las crisis radica en el ser humano y en las decisiones que éste toma.
  • Tercero. Seamos realistas, no es factible cambiar el mundo entero y solucionar todos los problemas de una sola vez. La historia nos demuestra que los cambios perdurables son aquellos que se realizan lenta pero constantemente. Entonces ¿puede ser el mundo nuevo y mejor?  Sí. Pero necesariamente habrá de pasar por la renovación y el mejoramiento de los seres humanos, pues de otra manera los cambios serán demasiado superficiales y frágiles. Para ello vale retomar una célebre máxima del filósofo estoico Epícteto: “De todas las cosas del mundo, unas dependen de nosotros, y las otras no. Las que dependen de nosotros son la opinión, el querer, el deseo y la aversión; en una palabra, todas nuestras acciones.” Por lo tanto, ¿cómo hacer un mundo nuevo y mejor? Trabajando en nuestra esfera de acción, tratando de ser mejores cada día, de ofrecer lo mejor de nosotros a los demás, de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos; pues es la suma de todos nuestros actos la que abrirá las puertas de un mundo nuevo y mejor.

Siguiendo estas pautas de reflexión. Valdría la pena imaginar: ¿qué pasaría si decidimos cambiar nuestra perspectiva ante la actual crisis y nos atrevemos a asumir la parte que nos corresponde para empujar un cambio histórico? ¿Y qué tal si te propones cambiar decididamente lo único que depende absolutamente de ti? Tu actitud y tu entorno. ¿Te animas?

Albert Girón instructor Nueva Acrópolis El Salvador

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