EL ARRAIGADO ESTILO DE SER “VIVO”

EL ARRAIGADO ESTILO DE SER “VIVO”

¿Alguna vez te has sentido frustrado al ver los líderes actuales que dirigen nuestras sociedades? Ciertamente puede llegar a ser abrumador cuando nos percatamos de que hoy no existen líderes reales. Y cuando hablo de “líderes reales” me refiero a aquellos que son capaces de conducir a los pueblos a hacia estadios de igualdad y prosperidad sostenidas y reales.

No quiero profundizar en las raíces económicas o políticas que alimentan los problemas y retos que vive el mundo entero. Más bien, quiero destacar un rasgo psicológico, una actitud muy arraigada en nuestras sociedades.

EL ARRAIGADO ESTILO DE SER “VIVO”

Voy a llamarla la “Ley del Más Vivo”, y el postulado de esta actitud puede plantearse como “mientras más reglas o leyes me salte sin que nadie se de cuenta, más ‘vivo’ soy”. Seguramente saben de lo que hablo.

Este modo de ver la vida, tan generalizado en nuestros tiempos, inhibe nuestra moral a tal punto que vuelve casi imposible impulsar líderes integrales en nuestra sociedad. Y esa falta de liderazgo provoca en buena medida la gran lista de problemas sociales que tenemos.

Sería interesante preguntarnos, ¿existe un camino para corregir esta tendencia psicológica? Y de una forma sensata y madura, es decir, sin necesidad de crear leyes más duras o confusas que castiguen este comportamiento.

Yo creo que sí, y para esto la Filosofía nos puede echar una mano. Antiguamente, la Filosofía era considerada como un instrumento para que los seres humanos se conocieran mejor a sí mismos; para cambiar lo falso e injusto en cada uno por algo bueno, bello y verdadero. En última instancia, permitía al filósofo ser cada vez más feliz.

Para citar un ejemplo útil, tomemos como referencia uno de los postulados de la filosofía budista: la senda de la recta acción dentro del Noble óctuple sendero. El Noble óctuple sendero es, para los budistas, la senda que conduce a la sanación de los sufrimientos humanos después de haber comprendido las cuatro nobles verdades sobre la existencia del dolor. Según este, las rectas acciones o recta conducta se entiende como cultivar en la vida diaria una conducta honorable y pacífica, y esta es una posibilidad y un deber del ser humano despierto, es decir, aquel que aspira a una vida más conciente, más feliz y en mayor armonía con los demás.

Pero, ¿cómo transformar nuestras acciones en rectas acciones? ¿Será tan fácil como se dice?

Para responder esto me gustaría hacer un ejemplo práctico sobre cómo vivir este principio.  Si bien no hay sociedad perfecta, Japón es un buen ejemplo de que sí es posible realizar rectas acciones cotidianas. Solo por citar un ejemplo, durante todo el 2014, las muertes violentas por armas de fuego en Japón fueron 6, mientras que en Estados Unidos se registraron 33, 599 muertes durante el mismo periodo (1). ¿Cómo le hacen los japoneses para tener tan buenos niveles de seguridad y tan bajos índices de violencia social? ¿Será que tienen más leyes, más policías, más armas?

Investigando sobre la cultura japonesa, podemos advertir dos factores que explican su cosmovisión (aunque pueden haber muchos más). Estos han hecho que las rectas acciones se lleven como la piel en la sociedad japonesa. Es decir, están integradas en el quehacer cotidiano.  

  1. En primer lugar, una moral que constituye un código de Honor personal-social-nacional, una consciencia de “grupo”, que se concreta en prácticas como el o-soji, que se define como un método de enseñanza donde los alumnos desde pequeños se acostumbran a cuidar lo que es de todos. Por ejemplo los niños hacen limpieza y lavan baños en sus escuelas para “fomentar el cuido de lo que es público y que se formen ciudadanos más conscientes” (2). Estas prácticas se traducen en hábitos que hacen el sello de la cultura japonesa.
  2. Ligado a lo anterior, un segundo rasgo es una alta capacidad para ser empático hacia las necesidades de los demás. Un ejemplo de ello se observa en pequeñas acciones como abstenerse de usar áreas reservadas en los parqueos para embarazadas o personas con discapacidad, o la bocina de los autos para reclamar o insultar, o de recoger billetes de la calle si piensan que su dueño puede aparecer a reclamarlo, entre otras.

Como conclusión, creo que las rectas acciones que define la filosofía budista y concretamente como las prácticas cotidianas de la cultura japonesa pueden ser una buena clave para superar las tendencias egoístas  de “querer pasarse de vivo”. Si, como los japoneses, nuestras sociedades respetaran el valor de los bienes públicos y lograran ser empáticos con las necesidades de los otros, seríamos capaces de superar la tan famosa “Ley del más vivo”.

Regresando al comentario sobre nuestros líderes, sería interesante ver estos postulados traducidos en gobernantes que nos lleven a mejores y más justas etapas de desarrollo, sin aprovecharse de sus cargos y usando de manera transparente los bienes del Estado.

Vivimos en un momento histórico donde el egocentrismo carcome los intereses de comunidad, donde nos encerramos en pequeñas burbujas de seguridad para estar bien sin importar lo que le pase a los demás, donde miramos más una pantalla de celular que los ojos de otro ser humano. Las rectas acciones pasan por una vida con mayor conciencia, con mayor vivencia y, en consecuencia, de mayor convivencia. ¿Se imaginan un día donde todos salgamos a la calle velando por los intereses de los demás tanto como velamos por los propios? Aunque parezca imposible, si los japoneses pueden, ¿por qué no vamos a poder nosotros?

 

Ernesto Iraheta, instructor de sociopolítica Nueva Acrópolis El Salvador

 

  1. Ver BBC Mundo: http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-38543085)
  2.  Ver artículo en  BBC Mundo: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/11/151119_japon_escuelas_estudiantes_banos_limpieza_wbm

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