Al final de todo, nos queda la esperanza

En algún punto de nuestras vidas, todos alguna vez nos hemos hecho la pregunta ¿Por qué a mí?. Todos nos hemos sentido desdichados, perdidos y heridos. En estos momentos oscuros muchas ideas atormentan nuestra mente. De cualquier manera, en medio del caos siempre hay una luz que nos impulsa a seguir luchando: La esperanza.

Nuestra historia reafirma como el ser humano ha sobrevivido a lo largo de los años a situaciones difíciles: catástrofes, guerras, crisis económicas, etc. Nuestra especie resiste y sigue buscando la manera de avanzar. Está en nuestra naturaleza.

¿Nuestra realidad?

Sin embargo, actualmente vivimos en una situación de caos, violencia, odio, intolerancia, exclusión… y la lista sigue. Es inevitable no sentir el corazón hacerse puñito al ver la opresión y maltrato de países enteros. Imposible no alarmarse con tantas personas desaparecidas o muertas. La impotencia que nos acongoja últimamente parece ser un sentimiento compartido por la mayoría.

Lo único que nos puede sacar de esta época decadente somos nosotros mismos. Como seres de la misma especie es nuestro deber ser la luz para otros que lo necesitan. Si bien, es indiscutible que no podemos cambiar todo el mundo de una vez y menos de manera individual. Lo que sí podemos es mejorar la realidad, aportando nuestro «granito de arena»: cumpliendo con nuestro deber, ayudando a otros con la mejor disposición. Siendo el ejemplo viviente que todo puede ser mejor.

Aún hay rayos de luz…

Más de alguno de nosotros hemos encontrado estos seres de luz en nuestras vidas, aquellos que por más pequeña que fuera la acción, te marcan. Además, no podemos negar que también hemos tenido momentos en los que decimos: «Fe en la humanidad restaurada». Pensemos en esa persona que encontró tu billetera y logró regresártela. Esa que te dio «chance» en una trabazón. Ese que te cedió el asiento en el transporte público. Ese vigilante que te recibe con una sonrisa todos los días. Los profesionales que hacen su trabajo con amor y vocación. Ese amigo que te dio un consejo desinteresado. Ese maestro que te da de su tiempo para solventar dudas. Todos podemos ser uno de ellos.

Citando uno de los dichos más conocidos «La esperanza es lo último que se pierde». No nos perdamos a nosotros mismos. Hagamos lo inesperado: lo correcto. Llenemos el mundo de pequeñas luces hasta que no haya ningún huequito sin iluminar.

Aura Mejía, Miembro de Nueva Acrópolis El Salvador

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Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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