Una peligrosa enfermedad en nuestro camino interior

Una peligrosa enfermedad

Una peligrosa enfermedad en nuestro camino interior

El filósofo, etimológicamente, es un enamorado de la Sabiduría (Filos = Atracción, amor; Sophos = Sabiduría) y por ende, está enamorado también de la Verdad y la Belleza. Esta atracción genera un interés que le impulsa a hacerse preguntas y a buscar respuestas a través de un viaje que le conduce al autodescubrimiento y luego, a una comprensión más profunda de sí mismo y de cuanto le rodea.

Como en cualquier aventura, es necesario armarse de una buena dosis de entusiasmo para emprender el viaje. También es importante alistar los mapas y referencias del territorio a explorar, para no correr el riesgo de perderse en la inmensidad del horizonte hacia el que nos embarcaremos.

Hasta aquí todo bien. Pero pronto aparecen los primeros vientos y tormentas que ponen a prueba nuestra determinación y coraje ante la adversidad. Estos pueden tomar una diversidad de formas, a los que la mayoría de personas llamará “problemas”.

Lo cierto es que en cada en cada reto, en cada crisis, hay una oportunidad. Por ello, el filósofo asume las dificultades como desafíos o pruebas que, al ser superadas, le permitirán crecer y aprender un poco más y se irá acercando, paulatinamente, a esa Sabiduría tan anhelada.

Definitivamente no es un camino fácil. Hay momentos duros, momentos de soledad, de incertidumbre y de dolor. Pero si logramos mantenernos fieles al impulso de seguir buscando y de avanzar, lograremos sobreponernos a las pruebas y salir airosos.

Este ciclo, de navegar y detenerse, se repetirá múltiples veces y es aquí donde el filósofo corre el riesgo de contraer una peligrosa enfermedad: el desánimo o desaliento.

Es interesante la etimología de estas palabras “Des-ánimo / Des-aliento”: Pérdida del ánimo o del aliento.

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Cuando perdemos el ánimo y se nos apaga el entusiasmo, perdemos también las ganas de seguir luchando, de avanzar. Esto pone en peligro todo avance en el sendero del buscador de la Sabiduría. Nos invade una sensación de hundimiento y derrota que luego genera desinterés en aquello que inicialmente nos movió, llevándonos a abandonar todo esfuerzo y esperanza de continuar. ¿Cuántos proyectos, cuántos sueños, cuántos ideales se habrán dejado morir por el desánimo?

Cuando perdemos el aliento, nos cansamos, perdemos resistencia, disminuimos el rendimiento y derrochamos recursos tratando de avanzar. Todo atleta conoce la importancia de aprender a “tomar aire”, de respirar adecuadamente mientras se encuentra en la acción. En las artes marciales, la respiración es un pilar fundamental de las diferentes técnicas para ser efectivos en el combate. En el viaje de la vida, ¿cuántas veces nos detenemos a tomar el aire? ¿Cuántas veces hacemos el tiempo para respirar profundo para inspirar-nos y continuar?

 

¿Qué hacer entonces para prevenir esta enfermedad? Algunos consejos son:

  • Rodearse de personas que brinden aliento, que aporten elementos positivos y que puedan apoyar en momentos de desánimo.
  • Tratar de reírse al menos una vez al día. La risa es una válvula de escape emocional que libera tensiones y oxigena nuestro cerebro dándonos nueva energía.
  • Buscar cosas que nos inspiren: La belleza del arte, una lectura profunda, una película heroica, la música que armoniza, una plática que nos motive a ser mejores.
  • Hacer pausas en la rutina. Reflexionar y anotar aquello que nos haya impactado o movido interiormente.
  • Cultivar amistades profundas que nos permitan abrir el corazón y el alma en cada conversación, así sea por unos minutos.
  • Conectarse con la naturaleza: Mirar un atardecer, contemplar un paisaje, sentir la brisa, recostarse en el pasto, jugar descalzo con la arena y escuchar el mar.
  • Tratar de vivir cada día y de disfrutar cada momento. Agradecer cada oportunidad y cada aprendizaje.

 

La vida es un sendero que se avanza un día a la vez, un paso a la vez y más que la prisa, vale la constancia en el andar. Así que ¡ánimo y a tomar aire para seguir avanzando!

“La gran tragedia de la vida no es la muerte. La gran tragedia de la vida es lo que dejamos morir en nuestro interior mientras estamos vivos”.

Norman Cousins.

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Aclaración: Las opiniones vertidas en este artículo son exclusivas del autor y no representan necesariamente una postura oficial de Nueva Acrópolis El Salvador.

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